martes, enero 30, 2007

Deep Purple en Madrid (o casi)

Ian Paice Band

El viernes 26 el gran Ian Paice, batería de los Deep Purple, visitó Madrid acompañado de su propia banda (la Ian Paice Band), formada por dos miembros de Moonstone Project, formación italiana de rock clásico liderada por Matt Filippini a la guitarra y de la que también figura el bajista Nik Mazzucconi. Destacan además la portentosa voz de Roberto Tiranti, vocalista de Labyrinth, que nada tiene que envidiar a los vocalistas que han acompañado a Paice en Purple, como Ian Gillan, Glenn Hughes, David Coverdale o Joe Lynn Turner; y el teclista Alessandro Del Vecchio, de Edge of Forever, realizando también labores cantante.

El repertorio se basa en la étapa clásica de Purple, entre 1970 y 1974, con temas cantados originalmente por Gillan, Coverdale y Hughes. Into the Fire, Pictures of Home (impresionante solo de bajo) o la mítica Burn, cantada al alimón entre cantante y teclista.

Los puntos álgidos del concierto fueron las interpretaciones de Speed King, que derivó en una impresionante jam que acabó con un solo de batería de Paice rematado con su célebre redoble con una sola mano; Mistreated, en la que Tiranti dejó claro que no es un aficionado y que está con Paice por méritos propios; y la gran sorpresa de la noche, Child in Time, tema que el propio Gillan no canta desde hace quince años porque tremendamente exigente para la voz y que Tiranti resolvió de manera espléndida.

También incluyeron temas de otras bandas, como Can't Get Enough de Bad Company o Fool for Your Loving, de Whitesnake, banda en la que también militó Paice.

Los bises consistieron en una interpretación de Black Night cuya melodía era coreada por toda la audiencia y para la cual guitarrista y bajista se intercambiaron sus instrumentos, y que acabó con un simpático "duelo" entre bajista y teclista.

Quizá la principal diferencia entre esta banda y la actual formación de Deep Purple sea el contraste entre ambos guitarristas. Mientras que Steve Morse juega conseguir solos técnicos, rápidos y enrevesados, Filippini es mucho más discreto, dejando el protagonismo muchas veces a la voz, el teclado o la batería.

En resumen, un gran concierto por una banda bien engrasada que se entiende a la perfección sobre el escenario y que sabe darle al público lo que pide.

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